Sobre mi trayectoria profesional. Tercera entrega
Un libro que para mí ha sido un
referente de este quehacer gestaltico es
“EL DARSE CUENTA” de John O. Stevens que en su introducción
dice:
“este libro trata del darse cuenta, y de como
uno puede explorar, expandir y profundizar su capacidad de darse cuenta.”
La mayor parte del libro consiste en
ejercicios que proponen enfocar “el
darse cuenta” hacia todo aquello que nos rodea como si fuésemos exploradores……lo
que los sabios han proclamado durante siglos es realmente cierto: el mundo está
aquí mismo; para recibirlo lo único que tenemos que hacer es vaciar nuestras
“mentes” y abrirnos.
Como siempre ocurre en la vida, las búsquedas
tienen que ver con una insatisfacción con lo conocido y con un afán de
descubrimiento. He dudado entre poner “descubrimiento” o “superación” que es la
que parece que se sigue de manera natural al mencionado “afán” pero es así como
yo siento que me he enfrentado a la psicología clínica en mi vida, con la curiosidad de un espeleólogo
explorando por primera vez una cueva. Curiosidad e incertidumbre acerca de lo
que ilumina la lámpara y que no es completamente discernido. Una tiene que
hacer repetidas incursiones cada vez
mejor equipada para al final poder contarse qué es lo que vio en la cueva.
La libertad solo
es posible siempre que exista una gran soledad. Y así empiezas a crearla
trabajando para ti, puesto que cuando lo haces para la muchedumbre ves lo
absurdo de lo hecho
Comencé a
introducirme en el psicoanálisis de una manera autodidacta. Mi compañera de
gabinete, que había seguido un proceso similar al mío, me recomendó un libro:
TEORIA
PSICOANALITICA DE LAS NEUROSIS de Otto Fenichel
Paidos. Psicología profunda.
Antes de continuar
me gustaría hablar de mi compañera de gabinete. En primer lugar decir que es
una profesional como la copa de un pino de la que he aprendido mucho. Tiene
algunos años más que yo (aunque no lo parece) y lo primero que llamó mi
atención ya hace 20 años fue su cordial
parquedad. Hablaba poco pero comunicaba mucho. Hablaba cuando le preguntabas
porque te respondía y lo hacía de una manera pausada, meditando la respuesta,
convirtiéndola en un acto didáctico y generoso, pleno de conciencia y casi
nunca hablaba por hablar. Era como si participase de otro código diferente al de
mi círculo social, al que yo conocía en el cual pareciera que penalizaran los
silencios y compulsivamente hubiera que
rellenarlos de frases o comentarios superfluos, banales o ingeniosamente
agudos.
Así que yo leía y lo
que no entendía se lo preguntaba y aún así a veces seguía sin entender. Pero
resulta que un buen día llegaba un paciente que “encarnaba” a la perfección
aquello que no había entendido en mis
lecturas y entonces me decía ¡Aja! Lo intelectual encontraba su referente en lo
vivencial y ese aprendizaje ya era
indeleble.
Por supuesto
que es imprescindible en la formación de
todo psicólogo/a clínico la supervisión de casos. Y además si el psicólogo/a es
de orientación psicoanalítica el análisis didáctico o lo que es lo mismo ser
analizado por otro. Este otro te ayuda a que veas lo que tu no ves de ti porque
está en la sombra y que si coincide con la sombra del paciente puede ser
desastroso para el analizado pues este va a estar dando vueltas sobre si mismo
atrapado en la autocomplacencia hasta que tropiece con lo doloroso y se
resienta contra el analista no sin razón al ver la inutilidad del dinero invertido
en tan estéril empresa.
Porque el
psicoanálisis es caro. Caro por las dos caras. Para el analizado que ha de
asumir que todo trabajo profundo requiere su tiempo y para el analista que ha
de asistir a seminarios, realizar supervisiones y analizarse.